Buenos Aires, 1954. Perón lleva ocho años en el poder y la radio del Estado anuncia que "los únicos privilegiados son los niños". Pero adentro del Instituto de Menores Nuestra Señora de los Dolores, las puertas tienen candado y los pibes duermen en colchones que huelen a otros cuerpos.
Fermín llega ahí por una estupidez: le robó un reloj a un juez en plena audiencia. No busca redención ni quiere problemas. Solo sobrevivir. Sin embargo, en el patio conoce al Polaquito: un pibe rubio de doce años que no habla, que aprieta una tapita de gaseosa contra el pecho y cuya única posesión es una campera vieja con un nombre tachado en el rótulo. Ese nombre es Miguel. Nadie quiere hablar de Miguel.
Junto al Gaita, un pibe callejero que sabe moverse en las sombras, Fermín intentará proteger al Polaquito de Correa, un celador que elige a los más chicos con una sonrisa fácil y los lleva al sótano cuando nadie mira. Pero en un lugar donde el director mira para otro lado y la complicidad es el idioma oficial, enfrentar al sistema tiene un precio que ningún pibe puede pagar solo.
El patio interior es una novela sobre la infancia devorada por las instituciones, el abuso encubierto detrás del discurso social, y la pregunta más brutal que puede hacerse en un patio vacío: ¿se puede salvar a alguien sin perderse uno mismo? Una historia desoladora, escrita con una contención que duele más que cualquier grito.