Buenos Aires, 2004. Pablo es un docente porteño que una noche de sábado acepta por casualidad una invitación de chat de un desconocido llamado Santafe_14. Del otro lado de la pantalla hay un chico de quince años llamado Felipe, que vive solo con su padrastro en Las Rosas, un pequeño pueblo de Santa Fe.
Lo que comienza como una partida de pool virtual se convierte en pocas semanas en una amistad profunda e inesperada. A través del MSN Messenger, el mate compartido por webcam y los mails nocturnos, Felipe le va contando su vida a Pablo de a poco: la muerte de su madre dos años atrás, la soledad, el trabajo en la pizzería, las poesías oscuras que nadie más lee. Y finalmente, una noche, la verdad que nadie más sabe: su padrastro abusa sexualmente de él desde hace dos años.
Pablo, a mil quinientos kilómetros de distancia en la Patagonia cuando Felipe le envía su último mail, no llega a leerlo a tiempo. Ese mail, que reconocerá tarde como una despedida, lo perseguirá para siempre.
Felipe. Una historia real es la reconstrucción de esa historia contada veintidós años después. Es un testimonio sobre el abuso, la soledad adolescente y la impotencia de querer ayudar desde el otro lado de una pantalla. Pero es también una historia de amor genuino entre dos personas que nunca se vieron en persona y que sin embargo se cambiaron la vida mutuamente.
Y es una advertencia: las señales estaban ahí. En las poesías. En los silencios. En el ícono rojo que nunca volvió a ponerse verde.