Madrid, 2025. En España, un menor sin papeles no desaparece. Se evapora.
Cuando el cuerpo de Mohamed Attaoui, un chico marroquí de quince años, aparece junto al río Manzanares, la policía lo archiva en cuarenta y ocho horas como un ajuste de cuentas entre bandas. Pero el inspector Daniel Aguilera, de la brigada de extranjería, ve lo que los demás quieren ignorar: el informe forense miente. El chico no fue apuñalado. Tiene el vientre vacío.
Aguilera, suspendido de empleo y cargado con el fantasma de otro menor que no pudo salvar ocho años atrás, empieza a tirar del hilo a riesgo de destruir su carrera. Lo que encuentra es una pesadilla institucional: treinta y un menores extranjeros han salido del sistema de acogida en los últimos dieciocho meses para no volver jamás. Todos pasaron por la Fundación Horizonte, una ONG intachable que promete oportunidades a los chicos de la calle, con el respaldo de políticos, jueces y grandes fortunes.
Para destapar la verdad, Aguilera tendrá que cruzar la línea. Infiltrarse en la ONG, aliarse con una periodista de investigación dispuesta a jugarse el tipo y, sobre todo, confiar en Ibra: un adolescente rumano que logró escapar de una camilla quirúrgica con una cicatriz abierta en el costado y un terror en los ojos que no es ficción.
Coto de caza es un thriller social crudo y sin concesiones sobre la impunidad, el tráfico de órganos y el precio de mirar hacia otro lado. Una novela que golpea al estómago y pregunta una pregunta incómoda: ¿qué vale la vida de quien no tiene nombre?